
Chris Molina: El Mundo Real de Donald Trump

Redacción
Por Christopher Molina
Este pasado viernes, Donald Trump dijo en una conferencia de prensa que quería que Groenlandia fuera parte de EE. UU. y que lo iba a conseguir, sea a la buena o a la mala. ¿Para qué fue eso? La reacción de la prensa y de líderes europeos ha sido una que va desde la condenación hasta amenazas de poner tropas y equipo militar para, supuestamente, “salvar” a Groenlandia. Trump lleva desde el 2015 incursionando en la política y aún ninguno de ellos entiende la manera de negociar de Trump. “The Donald”, como líder del país más potente que ha tenido el mundo en su existencia, probablemente sea el más torpe y a la vez el más brillante usando sus palabras. Esto no debe ser un misterio para nadie. Trump escribió un libro exitoso sobre su forma de pensar que se llama The Art of the Deal, donde explica su manera particular de crear negocios favorables.
Cuando estás en el mundo de los negocios, el leverage es la forma en que aseguras que salgas bien en un negocio. Si pierdes tu apalancamiento, probablemente perderás dinero, seas el comprador (lo que compras te saldrá más caro) o el vendedor (obtendrás menos dinero por tu artículo o servicio). Por eso es un concepto tan importante en una negociación. Como todo negocio, siempre hay riesgo; en este caso, el riesgo es que los europeos terminen relaciones importantes como la OTAN porque han perdido la capacidad de hacer negociaciones basadas en la realidad.
También esta semana murió Renee Good, una activista lesbiana que impactó a un agente de ICE en Minnesota con su vehículo. Luego de ser impactado, el agente abrió fuego, acabando con la vida de Renee Good al instante. Esto provocó incesantes debates sobre si el vehículo logró impactar al agente o no. Luego de que salieron varios videos demostrando que sí había sido impactado, la base del argumento cambió a uno de intención. “Él la quería matar porque le dijo un improperio luego de dispararle”, “ella dijo que no tenía coraje, por lo tanto no estaba realmente tratando de atropellarlo”. Otro me indicó que el agente no siguió protocolo al estar al frente del vehículo. Mi pregunta para esta persona fue: “Aun si fuera cierto que no es parte del protocolo pararse frente al vehículo, ¿eso le otorga el derecho a ella de impactar al agente con su vehículo?”. Nunca obtuve una respuesta, probablemente porque sabía que no había ninguna que hiciera sentido.
Los sucesos de esta semana, aunque no tienen nada que ver el uno con el otro, demuestran algo claro: vivimos en un tiempo donde no existe un respeto por la realidad y sus consecuencias. Estamos viviendo en un periodo pos-realidad y pos-consecuencia.
Las consecuencias existen, aunque no creas en ellas
En un tiempo posmoderno la realidad no existe y, por ende, las consecuencias no existen. El posmodernismo es la filosofía que dice que no existe verdad absoluta, solo narrativas. Esto ha sido la idea más destructiva de nuestros tiempos, no solo porque no cree en verdad absoluta, sino por otras ideas nocivas que se han creado a base del posmodernismo. Como la creencia en construcciones sociales: pensar que no existen estructuras sociales buenas y malas, que todas son igual de válidas y constructivas, es una idea que no aguanta escrutinio. Pero ha sido una idea persistente para la izquierda porque les permite vivir en un mundo de fantasía donde pueden decir que todas las configuraciones familiares son igual de válidas y buenas para la sociedad.
El filósofo francés Voltaire lo describió bien cuando dijo: “Los que pueden hacerte creer en absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”. Es tan claro que estamos viviendo en una época posmoderna que esta misma semana, en los premios Golden Globe, donde actores y directores se dan a ellos mismos aplausos por hacer cine y televisión, el escritor Judd Apatow dijo que Estados Unidos estaba viviendo actualmente bajo una dictadura. Aunque parece que lo dijo en broma, resulta surreal que alguien haga bromas de esta índole mientras estaba frente a unas cámaras que transmitían al mundo entero y sin temor a ser castigado o apresado por sus comentarios.
Como último ejemplo, el Tribunal Supremo federal escuchó argumentos del ACLU sobre la participación de transexuales (hombres haciéndose pasar por mujeres) en deportes femeninos. El juez Samuel Alito le preguntó a la abogada de la ACLU si podía definir lo que era una mujer y la abogada le contestó que “no tenía una definición para la corte”. Algo que siempre tuvo definición desde el principio de los tiempos, de momento en los últimos seis años ha sido relegado a algo carente de significado por amor al posmodernismo.
Así como este y muchísimos otros ejemplos podemos observar que un gran número de personas alrededor del mundo se ha olvidado del poder e importancia de vivir en la realidad. Allí hace su entrada la política de Donald Trump.
Una de las reglas principales de la realidad es que al final de todo lo que gobierna el mundo es un balance de poder económico y poder militar. Estados Unidos es el líder indiscutible en ambos renglones. Al Trump demostrar que está dispuesto a usar esas dos cosas como apalancamiento para ayudar a EE. UU., las personas quedan incrédulas y atónitas por su uso de fuerza por parte del Estado para lograrlo. No pueden creer que Trump use el ejército para convertir a la ciudad de Washington D. C. en una segura. No pueden creer que Trump use a ICE para deportar extranjeros ilegales. No pueden creer que se use el ejército para capturar a Maduro y potencialmente encaminar a Venezuela hacia la prosperidad nuevamente. Ni siquiera pueden creer que se use la policía para atajar el crimen en sus ciudades.
Estructuras virtuales imaginarias no son el poder que mantiene el mundo en paz. Es, y siempre ha sido, la amenaza de violencia y de ruina económica lo que hace que el mundo se comporte de una forma moral o indecente. Trump conoce esto porque su punto de vista sobre el mundo proviene del mundo del negocio, donde tienes que operar en la realidad; de lo contrario, pierdes sumas de dinero tan cuantiosas que te pueden llevar a la ruina. Él ha aplicado estos principios de mercado a la escena de la política mundial, donde usa el poderío económico y militar para llegar a acuerdos favorables para EE. UU.
Una de las cosas que se ha demostrado cierta es que los países del mundo estaban aprovechándose en gran medida de la nobleza de EE. UU., a la misma vez que constantemente criticaban al país por no actuar de la misma forma que ellos. En Europa critican a EE. UU. por no ser un Estado socialdemócrata y ofrecer “derechos positivos” que incluyen aumentarle los impuestos a empresas gigantes como ellos han hecho para sufragar el gasto enorme que ese tipo de Estado incurre. Europa está aprendiendo a la mala que vivir fuera de la realidad económica está resultando en un éxodo de empresarios de sus países y una fuga de innovación que está convirtiendo a la Unión Europea en una organización que solo desea control pero no apoya la libertad económica. Las consecuencias son que Europa ya no es competitiva en el mercado de la tecnología comparado con EE. UU. y Asia y que en unos años su falta de innovación afectará su estado de bienestar común.
LATAM en la mirilla
Los países latinoamericanos quieren que EE. UU. respete su “soberanía” mientras ellos manufacturan y distribuyen drogas ilegales por todo EE. UU. y llenan al país con inmigrantes ilegales. Ninguno de estos escenarios está dentro de la realidad. EE. UU. le va a importar poco su “soberanía” porque sus acciones deliberadas afectan el bienestar de los ciudadanos de EE. UU. Por lo tanto, Trump se ve obligado a establecer orden para asegurar que el narcotráfico, el terrorismo de izquierda y la inmigración ilegal a gran escala sean reprimidos lo suficiente como para encaminar la paz en el hemisferio.
No hay soluciones, solo intercambios
No existen soluciones simples en este camino. Trump no va a eliminar por completo la inmigración ilegal, la droga o el terrorismo de izquierda. Tampoco hará que Europa se enderece de la noche a la mañana. Lo que sí puede lograr es hacer una diferencia que mejore la calidad de vida para millones de ciudadanos americanos, y de eso se trata cuando se habla de America First. Para llevar a cabo políticas que beneficien a los ciudadanos de EE. UU. es importante asegurar la estabilidad del hemisferio de manera que sea favorable para que la hegemonía política, militar y económica siga funcionando.
Europa ha demostrado que quiere seguir jugando a la política socialista, dependiendo mayormente de su infraestructura anticuada que llama la atención a tantos turistas todos los años. Pero no le interesa el futuro. Eso es un error que EE. UU. no está dispuesto a cometer. Tanto así que cerca del 40 % del crecimiento del PIB del país provino de tecnología nueva (inteligencia artificial).
En el mundo real no existen soluciones que puedan resolver todo sin consecuencias negativas y sin que haya conflicto. Estoy seguro de que mucho de lo que hará Trump este año tendrá algunas consecuencias negativas. Pero lo importante es que el problema mayor está en ruta a ser aliviado. Menos drogas en las calles, una mejor economía, mayor seguridad, menos activismo radical y mejores precios en rentas y propiedades harán de Estados Unidos una mejor nación, aunque no una perfecta.
La realidad no tiene por qué ser algo a lo que le huimos, puede ser algo a lo que aspiramos. Pero requiere trabajo y consecuencias que muchos no quieren enfrentar.
Espero que mis colegas conservadores estén dispuestos a entender que las cosas ya están y se pondrán más incómodas con el paso del tiempo, no más fáciles. ¿Estamos dispuestos a aspirar a un mundo donde la realidad sea lo que dicta la política? Creo que esta es posiblemente la pregunta más importante para muchos analistas que dicen ser conservadores, pero cuando ven que los cambios provocan dificultades se vuelven igual de críticos que cualquier analista de izquierda.
Ya existen muchos, especialmente en Puerto Rico, que han demostrado que sus principios conservadores no aguantan una buena dosis de realidad. Prepárense: lo que viene es mucha realidad concentrada, como un jugo de naranja de la sección de congelados de tu supermercado. Démosle la bienvenida en vez de rechazarla.
Por Chris Molina de Revolución Racional Podcast
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