
Chris Molina: El Peligro de Romantizar el Nacionalismo

Redacción La Diestra
Redacción
Mientras los conciertos de la residencia de Bad Bunny siguen, las opiniones sobre el artista no han cesado. Mucho se ha hablado acerca del efecto político y económico que la residencia está teniendo. Pero de todas las opiniones que he leído y visto, ninguno más honesto y desquiciado que el que fue publicado en el periódico el Nuevo Día este pasado domingo 20 de julio, el artículo titulado “Bad Bunny y el poder de quedarse” por Yarimar Bonilla. En el artículo Bonilla describe su opinión sobre el talento de Benito, también habla acerca del impacto económico de los conciertos en Puerto Rico. Sobre esto no tengo nada que decir ya que todo el mundo tiene derecho a tener su opinión acerca de su artista favorito. Pero no se queda allí, este artículo de opinión hace una serie de argumentos que solo llevaría a Puerto Rico hacia su destrucción de ser tomado en serio. De acuerdo con el endoso que ha recibido de parte del editor general de El Nuevo Día (Benjamín Torres Gotay), según él debe de ser tomado en serio.
Primero veamos quien es la persona detrás de la opinión. Yarimar Bonilla es profesora de Antropología y estudios puertorriqueños en la universidad de Princeton. Ella ha escrito para el New York Times, uno de los periódicos más de izquierda de EEUU. Por lo tanto, ya con esa información debemos estar claros sobre sus inclinaciones y persuasiones políticas. Dentro del artículo que puedes leer gratuitamente aquí, ella pone por todo lo alto a Bad Bunny. Pero el artículo toma un giro inesperado cuando dice lo siguiente hablando sobre Benito:
“Pero su rechazo va más allá del estatus: es un repudio sobre todo proyecto político que requiera asimilarse, blanquearse, amanerarse y alejarse de lo popular, lo cafre y lo vulgar, en su sentido más profundo, es lo del pueblo – lo que nace de abajo, lo que incomoda, lo que no se ha podido domesticar.”
En síntesis, Yarimar le está diciendo a los puertorriqueños que estamos bien de la forma en que nos encontramos actualmente y que debemos de abrazar no solo las cosas buenas que nos caracterizan como Boricuas, pero también lo cafre y vulgar. Da la impresión de decirnos que no debe de haber ningún intento de mejorar nuestra cultura. Encuentro curioso que con el problema serio que tenemos en Puerto Rico de violencia, incluyendo “yales” rompiéndole los cristales a los autos de otras mujeres, hombres y mujeres entrándose a puño limpio por tonterías y crímenes pasionales, se esté alabando las actitudes que terminan provocando estas acciones.
Pero no se queda allí, el artículo termina con Bonilla diciendo lo más controversial de todo el escrito:
“Pero a veces pienso que el verdadero secreto está en esa fe que tiene en si mismo y en nosotros. Fe en que no tenemos que transformarnos ni alejarnos de lo nuestro para poder triunfar. Y fe en que todo lo que nos enseñaron a esconder o a olvidar -nuestra jerga, nuestra jaibería, nuestra negritud, nuestra rebeldía, nuestra diáspora y hasta nuestra vulgaridad -son la clave silenciosa de nuestra resonancia mundial.”
Hay tanto “disparate” en este corto párrafo que se me hace difícil concentrarme para describirlo, pero aquí voy. La profesora está afirmando, al igual que el párrafo anterior, que no tenemos que cambiar nada sobre nuestra cultura. No solo esa bien como se encuentra, pero que es precisamente lo que nos distingue a nivel mundial. Usa palabras para describirnos como jaibería, rebeldía, y hace hincapié en la vulgaridad. El uso de la palabra “jaibería” nos dice mucho ya que es un sinónimo de astucia, pero no cualquier astucia. Es el tipo de astucia que se usa como excusa para no tener que esforzarse más para conseguir algo que no se ganó con esfuerzo. O sea, la “listería” por encima de la educación y el conocimiento. La misma astucia con que muchos Boricuas solo trabajan cobrando por debajo de la mesa porque de lo contrario “el gobierno me quita las ayudas”. También es la misma astucia que se usa para robarse la luz (que terminamos pagando los que somos responsables) y el que reclama dependientes que no tiene en su planilla para que le devuelvan más del reintegro cuando llena la planilla de contribuciones. Igualmente, la rebeldía, la misma que hace que en Puerto Rico la gente no coopere a menos que sea para protestar, es usado como un valor. Finalmente, ella usa nuevamente la palabra vulgaridad como otro valor del puertorriqueño. Hablar con palabras soeces e insultar a las personas que no están de acuerdo contigo es visto como un sinónimo de la puertorriqueñidad. Me pregunto si la profesora tiene hijos, ¿estaría de acuerdo con que sus hijos le dijeran a un extraño que es un hjue Pta? Porque es precisamente este tipo de lenguaje el que ella esta apoyando. Es como si no se diera cuenta que, si crías cuervos, tarde o temprano, te sacarán los ojos.
Esta columna de opinión me hizo reflexionar sobre los reclamos de la izquierda en Puerto Rico. Ellos dicen que quieren que Puerto Rico sea próspero, pero niegan los valores que atraen la prosperidad. Tenemos muchos ejemplos buenos adonde mirar. Todos los países prósperos tienen ciertas características que se repiten vez tras vez. Todos tienen al menos lo siguiente que los convierte en un país de avanzada o de primer mundo:
Democracia Liberal – No oprimen a sus ciudadanos, tienen derechos negativos garantizados
Sistema económico - Basado en economía de mercado. Hasta un país como China depende del mercado para prosperar económicamente.
Sistema fuerte de educación - Basado en conocimiento objetivo y ciencias.
Separación de poderes – Para asegurar el balance del poder político.
Sistema de valores – Basado en valores obtenidos o aprendidos mediante el cristianismo.
Sobre este último quiero traer una historia que creo que es relevante al tema. Luego de la segunda guerra mundial, los japoneses decidieron enviar un grupo de analistas para saber las razones específicas por la que perdieron la guerra. Hicieron una evaluación exhaustiva sobre el sistema de gobierno, la economía, la educación y la milicia de EEUU. Lo que muchos no saben es que en esa evaluación también analizaron la cultura y la religión del país. Ellos encontraron que la ética de trabajo y moral protestante que dominaba la sociedad le daba una ventaja al país. El primer ministro de Japón dijo dos años luego de acabado la guerra lo siguiente:
“Creo que un gobierno democrático debe estar impregnado del espíritu del amor cristiano y de la humanidad. … En el futuro, el gobierno [japonés] debe guiarse por el espíritu cristiano de la moralidad. Un gobierno fundado en la ética moral y basado en el humanismo ha sido mi fe profundamente arraigada desde hace mucho tiempo…” – primer ministro Tetsu Katayama (junio 1er, 1947)
Los japoneses incorporaron la mayoría de estos conceptos en su cultura y recuperaron la producción industrial que tenían anterior a la guerra en siete años, más luego transformándose en una potencia mundial económica.
Específicamente tomaron en serio lo siguiente:
Ética de trabajo duro
Responsabilidad individual (no colectiva)
Compromiso moral
La habilidad de mejorar su condición bajo constante superación personal
Fíjate como haber adoptado estos valores no cambió su cultura ni su identidad como pueblo. Los japoneses continúan siendo un pueblo con una cultura muy distinta a la de EEUU y a la de cualquier sociedad occidental. Ahora nota cómo cada uno de estos valores contrastan con las ideas que tiene la profesora Yarimar Bonilla. Me llamó la atención que mediante esta evaluación los japoneses llegaron a la conclusión de que habían caído bajo una noción de nacionalismo romántico. Esto los llevó a tomar decisiones irracionales durante la segunda guerra mundial, como ataques suicidas, quedarse peleando en batallas que sabían que no podían ganar y no aprovechar las ofertas de paz que EEUU le había ofrecido anteriormente.
Esta noción romántica es la que más nos debería de preocupar. Nuestra falta de madurez y buen carácter como pueblo no nos debe de enorgullecer. Al contrario, nos debe de hacer más humildes y reflexivos sobre nuestro comportamiento. Celebrar sus peores características culturales es lo que llevó a Japón a la derrota. Mi opinión es que la derrota de Puerto Rico sería hacerle caso a esta antropóloga y a Bad Bunny. Ahora es el momento de despertar y darnos cuenta de que tenemos mucho trabajo por delante. Nuestros hijos y nuestros nietos, ¿van a heredar la cafrería, la vulgaridad y la jaibería de Benito y la profesora Bonilla? O ¿le vamos a entregar un país donde el orden, el respeto por las leyes y nuestros semejantes son los que nos distinguen? No creo que dependa de Bad Bunny, él es solo uno. Sobre todo, depende de nosotros sembrar la semilla, abonarla y verla crecer.
Fuentes: Cita de Tetsu Katayama: https://www.americamagazine.org/issue/100/look-postwar-japan
Otras fuentes: https://www.cfr.org/japan-constitution/japans-postwar-constitution,https://link.springer.com/book/10.1007/978-1-349-24360-0
Por Chris Molina de Revolución Racional Podcast


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