Ellyam V Martínez: Hablemos del madero, del Cordero y de la eternidad en Semana Santa.

Redacción
Hablemos del madero, del Cordero y de la eternidad en Semana Santa.
Vacacionar, playas y actos aislados de manifestación religiosa. Para algunos, Semana Santa es un período de liturgia religiosa cultural, pero carente de significado profundo o trascendencia. Pero, ¿qué es Semana Santa? ¿Qué representa? ¿Qué celebramos?
Para los cristianos es el recordatorio del mayor rescate que experimentará jamás la humanidad: la sustitución de nuestro castigo, muerte y separación eterna de nuestro Creador, y la redención y reconciliación perfecta con Aquel que ama nuestra alma. Nunca ha estado en el corazón de Dios la destrucción de su creación. Siempre ha dado testimonio de su amor y de su voluntad de reconciliación.
Hablar de la veracidad de estos hechos, presentarlos y verlos de la manera correcta, toma especial relevancia en estos tiempos, en los que todo se reinterpreta y se resignifica desde la lupa humana, hasta diluir y extraviar el significado real del evento que dio pie a la celebración de Semana Santa. En términos sencillos, la cristiandad predica que estamos separados de Dios a causa de nuestro pecado. La ira de Dios, santo y justo, está sobre el hombre, pero también su voluntad de restaurarnos, darnos su favor y hacernos aceptos nuevamente. Cambiar una tilde, una coma, reinterpretar su significado para que no sea tan crudo, sería predicar pamplinas olorosas y aceptables en este tiempo, pero carentes de verdad y de efectividad alguna.
El corazón de Semana Santa, del Evangelio, se encuentra en Aquel que fue traspasado, que puso su vida por nosotros en aquel madero y que soportó la justa ira de Dios sobre su persona, para que nosotros, tú y yo, pudiéramos vivir con esperanza y seguridad presente y futura. La sangre del Cordero perfecto fue derramada y cubrió, de una vez y para siempre, nuestra deuda, perdonando nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Nos transfirió su justicia, inmerecida, demostrando el perfecto amor por los suyos.
Pero no termina ahí. Pronto volveremos a sentarnos en la mesa pascual, pero esta vez será un banquete: la Pascua de una próxima era. Será una gloriosa celebración que marcará la unión final entre el Cordero (Jesucristo), que quitó el pecado y nuestra enemistad con Dios, y su Iglesia (los creyentes). Será un tiempo de gran regocijo celestial, donde los creyentes compartirán una comunión perfecta con Dios por la eternidad y donde, finalmente, se instaurará su reino en la tierra.
Semana Santa es el recordatorio de nuestro pasado, pero también una mirada hacia el futuro glorioso que nos aguarda muy pronto.
Por Ellyam V. Martínez González, CPL
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