
Ignacio Canto: La Junta en su Laberinto

Redacción
La junta en su laberinto
Por Ignacio Canto
En la célebre novela de Gabriel García Márquez, El General en su Laberinto, Simón Bolívar navega los últimos días de su vida por el río Magdalena, atrapado entre la gloria del pasado y la impotencia del presente. El Libertador, que alguna vez tuvo el poder de cambiar el destino de un continente, se encuentra reducido a un hombre enfermo, melancólico, dando órdenes que nadie obedece y pronunciando discursos que nadie escucha. Es un hombre con autoridad nominal pero sin visión transformadora. Es un líder que confunde el movimiento con el progreso.
La Junta de Supervisión y Administración Financiera de Puerto Rico, conocida popularmente simplemente como "la Junta" lleva ya casi una década navegando su propio río Magdalena. Y al igual que el Bolívar de García Márquez, luce extraviada en un laberinto de su propia construcción: un laberinto de proyecciones erradas, de pesimismo institucionalizado y de una parálisis disfrazada de rigor fiscal.
El Poder que No se Ejerce
La Junta nació en 2016 bajo la ley PROMESA con una misión ambiciosa: rescatar a Puerto Rico de una deuda impagable de más de $70 mil millones y devolverle al archipiélago una trayectoria fiscal sostenible. Para cumplir ese mandato, el Congreso le otorgó poderes extraordinarios. La Junta puede vetar presupuestos gubernamentales, renegociar contratos, supervisar privatizaciones, restructurar deuda y, en teoría, sentar las bases para una economía más competitiva y dinámica.
Es decir, la Junta no es un organismo decorativo. Tiene dientes.
Pero aquí reside la tragedia central de este laberinto: una entidad con el poder estructural para transformar la trayectoria económica de Puerto Rico ha optado, una y otra vez, por ejercer ese poder de la manera más estrecha y conservadora posible. Como el Bolívar de García Márquez, la Junta tiene autoridad para dictar el rumbo, pero parece más preocupada por administrar el declive que por revertirlo. Por ser espectadora pero a la misma vez artífice de un espiral de constante fuga migratoria, deterioro económico, fiscal y social.
Las Proyecciones como Profecía Autocumplida
El pecado más grave de la Junta no es la austeridad en sí — medidas de ajuste fiscal tienen su lugar en cualquier reestructuración seria — sino la consistencia con la que sus proyecciones económicas han errado, y la dirección sistemática de ese error.
Año tras año, la Junta publica planes fiscales cargados de proyecciones de contracción poblacional acelerada, caída del producto bruto, y reducción perpetua de la base contributiva. Estas proyecciones no son meras predicciones técnicas. Son documentos con fuerza cuasi-legal que moldean las expectativas de acreedores, inversionistas, agencias de crédito y participantes del mercado. Y cuando una entidad con la autoridad institucional de la Junta declara oficialmente que Puerto Rico seguirá encogiéndose, el mercado le cree.
El problema es que estas proyecciones han resultado ser sistemáticamente incorrectas — y no en la dirección que favorece a la Isla. Puerto Rico ha demostrado una resiliencia económica que los modelos de la Junta simplemente no capturan. La recaudación de impuestos ha superado repetidamente las proyecciones oficiales. El turismo ha batido récords. Sectores como manufactura farmacéutica, finanzas y tecnología han mostrado dinamismo genuino. En esta década, bajo el mando de la junta, hemos visto desarrollos millonarios donde residencias alcanzan precios mayores a los $30MM. A simple vista nada de esto es consonó con el pesimismo constante y ensordecedor que destila la Junta como organismo y más aun constantemente sus portavoces. Cada nuevo Plan Fiscal que publica la Junta parece anclado en el mismo pesimismo estructural, actualizado cosméticamente pero intacto en su esencia.
García Márquez describe a Bolívar dictando proclamas grandilocuentes en pueblos que ya lo han olvidado. La Junta, en su versión moderna, publica proyecciones macroeconómicas en documentos de cientos de páginas que el propio gobierno de Puerto Rico ha refutado públicamente en múltiples ocasiones, y que los hechos han desmentido con una regularidad casi cómica si las consecuencias no fueran tan serias.
El Laberinto del Inversionista
Existe una dinámica perversa en el corazón de este problema que merece atención especial: el efecto que las proyecciones pesimistas de la Junta tienen sobre la confianza del inversionista privado.
Cuando una empresa o un fondo de inversión evalúa si desplegará capital en Puerto Rico — una fábrica, un hotel, un centro de datos, un desarrollo residencial — una de las primeras referencias que consulta son los documentos oficiales de la entidad supervisora. Si esos documentos proyectan contracción económica sostenida, emigración acelerada y una base tributaria en caída libre, el inversionista racional concluye que el riesgo no justifica el retorno esperado. Y no invierte.
Al no invertir, contribuye precisamente a que se materialice la contracción que la Junta proyectó. La profecía se cumple a sí misma. La Junta proyecta pesimismo, el pesimismo deprime la inversión, la inversión deprimida produce contracción, la contracción valida el pesimismo. En ausencia de crecimiento, el puertorriqueño emigra. También al ver el panorama desalentador que pinta la autoridad máxima, el boricua planifica su futuro en un estado mejor, donde sus gobernantes destilan optimismo e invitan a la inversión. Es un círculo vicioso que la Junta, paradójicamente, tiene el poder de romper pero no lo hace.
Bolívar, en el río Magdalena, soñaba con la unidad latinoamericana mientras sus propios generales se fragmentaban en caudillismos rivales. La Junta sueña con la sostenibilidad fiscal mientras sus propias proyecciones erosionan las condiciones para alcanzarla.
El Rigor sin Visión
Sería injusto ignorar los logros reales de la Junta. Puerto Rico completó una de las reestructuraciones de deuda más complejas de la historia municipal de Estados Unidos. La deuda del gobierno central fue reducida dramáticamente. Se estableció una disciplina presupuestaria que antes era prácticamente inexistente. Estos son logros genuinos y no triviales.
Pero el rigor contable, sin visión de crecimiento, es como navegar un barco que no tiene fugas pero tampoco tiene velas. Se mantiene a flote pero no llega a ningún puerto.
Lo que ha faltado consistentemente es el segundo acto: una vez estabilizadas las finanzas públicas, ¿cuál es la estrategia de crecimiento? ¿Qué sectores se van a desarrollar? ¿Qué inversiones en infraestructura, capital humano y competitividad van a detener la hemorragia demográfica y atraer talento y capital de vuelta a la Isla? ¿Qué regulaciones vamos a eliminar, qué procesos a acelerar, en fin cómo hacer al gobierno un socio del privado que a su vez desate el progreso y la expansión sostenida, sustentable que tanto añoramos?
La Junta ha operado como si su mandato terminara en el balance fiscal, cuando en realidad la sostenibilidad fiscal genuina solo puede venir del crecimiento económico. Sin crecimiento, la austeridad es simplemente la administración ordenada del empobrecimiento. La destrucción total de la fibra socioeconómica que sostiene una sociedad.
La Salida del Laberinto
El Bolívar de García Márquez muere sin salir de su laberinto. Esa es la tragedia literaria que el novelista colombiano construyó con maestría: un hombre que tuvo todo el poder para transformar un continente, y que al final navegó en círculos hasta que el tiempo se le acabó.
Puerto Rico no puede permitirse ese final.
La Junta tiene ante sí una oportunidad histórica que se está agotando. El archipiélago ha demostrado resiliencia. Las estructuras de deuda han sido modernizadas. El gobierno central ha recuperado cierto margen fiscal. Hay sectores económicos con potencial real de expansión. Hay capital privado global que busca destinos en el Caribe y en jurisdicciones con acceso al mercado estadounidense.
Lo que falta es que la Junta decida ejercer su poder no solo para contener el gasto, sino para propiciar el crecimiento. Que sus planes fiscales proyecten escenarios de expansión con la misma seriedad técnica con que hoy proyectan contracción. Que sus documentos públicos sean una señal al mercado de que Puerto Rico es una oportunidad, no una herida en cicatrización perpetua. Y que eso se lleve a la acción. Que entiendan que el mejor curso de acción es convencer a la clase política que para llegar a esas proyecciones optimistas hay que ejecutar ciertas medidas estructurales. Y que entrando en un espiral positivo, van a poder desplegar mejores servicios a la ciudadanía y elevar el rango del gobierno para viabilizar más aun la inversión y la expansión.
La diferencia entre un laberinto y un camino es, a veces, simplemente la dirección que uno decide tomar.
La Junta todavía puede decidir salir del suyo.
Escrito desde San Juan, Puerto Rico. Un día de mayo del 2026.
Por Ignacio Canto, Presidente de X-Square Capital y X-Square Re.
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