
Chris Molina: Lo que le pasó a Hawái es mejor que la alternativa

Redacción La Diestra
Redacción
Hawái Es un Mal Ejemplo de Gentrificación
¿Por qué usan a Hawái de ejemplo de gentrificación cuando Hawái no tiene ninguna ciudad entre los 10 más gentrificados de EEUU? La razón es siniestra. Usan a Hawái de ejemplo para representar un pequeño grupo de Hawaianos nativos que nunca ha estado de acuerdo con la unión permanente con EEUU. En el 2014 el periódico local de Hawái “The Honolulu Star” publicó los resultados de un sondeo que indicó que solo un 6% de la población de Hawaianos nativos quiere volver a ser una nación independiente. Esto es muy distinto a lo que Bad Bunny y los independentistas nos están diciendo. Pero veamos algunos números que comparan a Puerto Rico con Hawái para así ver por qué Hawái es un mal ejemplo para la izquierda:
El PIB per cápita de PR es $31 mil vs $83 mil para Hawái
El ingreso familiar promedio de PR es de $31 mil vs $90 mil para Hawái
Hawái recibe más fondos federales per cápita que PR a pesar de ser más ricos y productivos.
Esto lo logran a pesar de tener muchas de las mismas limitaciones que tiene PR incluyendo el acta Jones
Como de costumbre, la izquierda usa la narrativa de opresión contra un grupo pequeño para tratar de generalizar y englobar a todos dentro de un problema. No existe ninguna solución política que pueda resolver todo sin ningunas consecuencias. Como dice el economista Thomas Sowell “No existe soluciones, solo concesiones”.
¿Alguna vez has escuchado el término “gentrificación”?
Para los que saben de lo que hablo, también saben que se usa como palabra derogatoria para denigrar el proceso de reparar y reconstruir edificios en barrios abandonados o deteriorados. Siempre que se intenta renovar alguna zona en Puerto Rico —especialmente si tiene vista al mar o está cerca de un centro urbano— la izquierda y los medios locales sacan el grito al cielo, acusando el supuesto pecado de la gentrificación.
Hace unos años, había edificios (también conocidos como adefesios) en total abandono en Puerta de Tierra, cerca de los muelles de cruceros. Esos edificios fueron transformados en apartamentos de lujo bien diseñados, se vendieron, los desarrolladores ganaron, el gobierno recaudó, y hoy el área luce mucho mejor. Ya no es un espacio olvidado y deteriorado, sino uno con actividad, propósito y dignidad. No hay razón para que las comunidades tengan que acostumbrarse a la decadencia. Renovar y mejorar un espacio urbano abandonado no es un crimen; es una muestra de que aspiramos a más.
Pero ese sentido común no detiene a nuestros justicieros sociales, que hacen malabares para criticar y detener cualquier desarrollo.
Nuestra nueva élite
En Puerto Rico se ha levantado una nueva clase de élite cultural que pretende dictar política pública: artistas como Bad Bunny, René Pérez, Kany García, entre otros. Son los nuevos heraldos de la política local, especialmente con los más jóvenes. Cuentan con el respaldo gratuito de los medios tradicionales, y también con los nuevos medios —Jay Fonseca, Molusco y la ‘darling’ de la izquierda: Bianca Graulau.
Graulau fue de las primeras en popularizar el término “gentrificación” en Puerto Rico a través de YouTube, al denunciar la compra de un edificio en Quebradillas por parte de un expolítico republicano de New Jersey. En su video, presenta a dos de los seis inquilinos como víctimas desplazadas, y al nuevo dueño como villano por deber impuestos en New Jersey —a pesar de estar cumpliendo con sus pagos al momento. La narrativa era clara: un americano republicano vino a expropiar boricuas.
Pero hay preguntas que no se hicieron:
¿Cuánto tiempo estuvo ese edificio en venta sin que lo comprara un puertorriqueño?
¿Y acaso los inquilinos no sabían que sus contratos de arrendamiento podían no renovarse?
Habiéndome criado pobre, entiendo bien lo difícil que es mudarse. Mi esposa y yo nos casamos sin casa propia, y pasamos cuatro años mudándonos —con un hijo de por medio— antes de comprar en una urbanización pequeña. Sé lo que duele tener que moverse.
Pero de eso a condenar el progreso hay un largo trecho.
Graulau captó la atención de Bad Bunny. En su video de “El Apagón”, incluyó imágenes de Graulau acusando a Logan Paul de ser colonizador por comprar casa en Dorado y beneficiarse de la Ley 60 (código de incentivos) . Paul se defendió diciendo que Bad Bunny también se beneficia de esas leyes. Y es cierto. Pero vivimos en tiempos posmodernos, donde los boricuas (especialmente millenials y Gen Z) se han convertido en nativistas resentidos. Atacan al de afuera, aunque haya más de 5 millones de puertorriqueños viviendo en EE.UU., disfrutando de más oportunidades y pagando menos impuestos que en la isla.
A todo esto súmale el golpe de María, la red eléctrica colapsada, y las protestas del verano de 2019 que tumbaron a Rosselló con la ayuda de la clase artística. Desde entonces, el discurso de “desplazamiento” y “gentrificación” ha escalado, siempre culpando a los estadounidenses. Pero la realidad es más compleja.
El gobierno empeoró todo
En los 80 y 90, el desarrollo estaba en auge: Puerto Rico tenía unos 80 mil contratistas. Hoy, tras la salida de las 936 y la quiebra del gobierno, quedan unos 30 mil. Antes se construían 10 a 15 mil viviendas al año. Hoy, menos de 800. No es un error: menos de 800.
¿Por qué?
Por las nuevas restricciones a terrenos y permisos.
Por regulaciones que encarecen la construcción.
Por la salida de contratistas buscando oportunidades en EE.UU.
Y aún así, la izquierda boricua culpa a AirBNB, a los estadounidenses y a la Ley 60. Proponen congelar rentas (en especial en el área metro) y citan a economistas del Centro para una Nueva Economía como si fueran oráculos. Pero cuando el consenso económico global rechaza el control de rentas como política fallida, ahí sí deciden no escuchar a los expertos.
Estudios como el de Foundation for Puerto Rico han demostrado que los factores reales del problema de vivienda son baja construcción, permisos caros y trabas gubernamentales.
En resumen: muchos de los problemas de vivienda son culpa directa de ideas que promueve la misma izquierda. Estas son algunas:
Mas burocracia que resulta en permisos costosos y tardíos
Prohibiciones al desarrollo en el 86% del terreno disponible
Altos impuestos al que quiera construir
Regulaciones que desalientan la inversión
¿Y después se quejan del estancamiento?
La gentrificación es lo opuesto al estancamiento. Es progreso. Es embellecimiento. Es renovación.
¿De verdad queremos quedarnos en barrios deteriorados, con estructuras en ruinas, porque alguien decidió que no se puede invertir sin ofender sensibilidades?
Si cuando las casas eran de madera con techos de zinc hubiésemos protestado por dejar las letrinas intactas “para no gentrificar”, aún estaríamos en letrinas.
Hawái escogió progreso
Eso fue lo que enfrentó Hawái: o permitían la inversión y la mejora, o veían sus propiedades perder valor y deteriorarse. Eligieron el progreso. ¿Fue perfecto? No. Algunos se mudaron, como muchos puertorriqueños lo han hecho buscando mejores oportunidades. Pero al menos tenían esa opción.
Lo peor no es mudarse. Lo peor es no tener opciones. Y eso es lo que provocan las malas ideas económicas que impiden el desarrollo.
Un Puerto Rico próspero es uno donde:
Escuchamos menos a la clase artística.
Rechazamos las recetas antiprogreso de la izquierda boricua.
Reformamos el gobierno para que deje de castigar al que quiere construir o invertir.
Nada puede quedarse igual. El cambio es parte de la vida. Tenemos dos opciones: quedarnos en el romanticismo de La Perla, o aceptar que el progreso requiere inversión y transformación.
Tú decides. Pero no te dejes espantar con Hawái. Porque lo que le pasó a Hawái… es mejor que la alternativa.
Por Chris Molina de Revolución Racional Podcast
Pueden seguir a Chris en sus redes X (formerly twitter), Facebook, y su canal de Youtube Revolución Racional Podcast.
Sources:


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